Dúo de
amor...
En el hondo silencio de
la noche serena se dilata un lejano perfume de azucena, y aquí, bajo
los dedos de seda de la brisa, mi corazón se ensancha como en una
sonrisa...
Y yo sé que el silencio tiene un ritmo profundo donde
palpita un eco del corazón del mundo, un corazón inmenso que late no sé
dónde, pero que oye el latido del mío, y me responde...
El
corazón que sientes latir en derredor, es un eco del tuyo, que palpita
de amor. El corazón del mundo no es ilusorio: Existe. Pero, para
escucharlo, es preciso estar triste;
triste de esa tristeza que no
tiene motivo, en esta lenta muerte del dolor de estar vivo. La vida
es un rosal cuando el alma se alegra, pero, cuando está triste, da una
cosecha negra.
El amor es un río de luz entre la sombra, y
santifica el labio pecador que lo nombra. Sólo el amor nos salva de
esta gran pesadumbre, levantando el abismo para trocarlo en
cumbre.
Sólo el amor nos salva del dolor de la vida, como una
flor que nace de una rama caída; pues si la primavera da verdor a la
rama, el corazón se llena de aroma, cuando ama.
Amar es triste a
veces, más triste todavía que no amar. El amor no siempre es
alegría. Tal vez, por eso mismo, es eterno el amor: porque, al
dejarnos tristes, hace dulce el dolor.
Amar es la tristeza de
aprender a morir. Amar es renacer. No amar, es no vivir. El amor es
a veces lo mismo que una herida, y esa herida nos duele para toda la
vida.
Si cierras esa herida tu vida queda muerta. Por eso,
sonriendo, haz que siempre esté abierta; y si un día ella sola se
cierra de repente, tú, con tus propias manos, ábrela
nuevamente.
Desdichada alegría que nace del dolor. De un dolor
de la rama también nace la flor. Pero de esa flor efímera, como todas,
se mustia, y la rama se queda contraída de angustia.
Cada hoja
que cae deja el sitio a otra hoja, y así el amor -resumen de toda
paradoja- renace en cada muerte con vida duradera; porque decir
amor, es decir primavera.
Primavera del alma, primavera
florecida que deja un misterioso perfume en nuestra vida. Primavera
del alma, de perpetuo esplendor, que convierte en sonrisa la mueca del
dolor.
Primavera de ensueño que nos traza un camino en la
intrinca selva donde acecha el destino. Primavera que canta si el
huracán la azota y que da nuevo aliento tras de cada
derrota.
Primavera magnánima, cuyo verdor feliz rejuvenece el
árbol seco hasta la raíz... Amor es la ley divina de plenitud
humana; dolor que hoy nos agobia y añoramos mañana...
Eso es
amor, y amando, también la vida es eso: ¡Dos almas que se duermen a la
sombra de un beso!
  
 
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