Marcelo D. Ferrer
Si
alguna vez alguien llegara a la puerta de tu vida
y en sus ojos vieras o en
sus actos sintieras que puedes confiar en él,
aún tan luego del temor a lo
desconocido,
o aún después del tedio de conocerlo,
déjalo
entrar.
Si alguna vez alguien conocido se parara frente a las puertas de
tu corazón
y al mirar sus ojos vieras un brillo que nunca antes habías visto,
tan luego de la impresión de conocerlo
o el tedio de haberlo
conocido,
déjalo entrar.
Si alguna vez has pensado que el amor no
pudiera sorprenderte ya
y aún tan luego de haberte sorprendido,
de ese
amor hubieras salido vencido,
permítete amar,
el amor no está
vencido
y querrá sorprenderte igual.
Si alguna vez imaginaste tu
soledad viendo allí tu destino
mientras te esfuerces en seguir
imaginándola,
ese al fin será.
Si alguna vez has rehusado
enamorarte
para no herirte ya nunca más,
con cada amor que dejas
pasar,
una herida profunda y perpetua a tu alma harás.
La duda,
la duda
y el resentimiento te invadirá.
Si alguna vez el amor te inmovilizó y
finalmente te dejaste estar,
busca en el bolsillo del saco de tu alma la
llave de tu libertad
y entrégate vital al amor que todo lo puede y todo lo
da.
Si alguna vez el fantasma de la decepción hiciera nido en tu
mente,
múdate al corazón, allí está la felicidad.
Si alguna vez
pensaras que cerrando los ojos dejará de existir el mar,
¡piensa! al
abrirlos, todo estará igual.
Mantén tus ojos abiertos y pon la esperanza
en tus labios,
una sonrisa en tu cara habrá...
y si entregas tu
corazón
y el amor en ti se vuelve a instalar,
cuando al fin estés con
él,
donde había un mar un cause de camelias habrá.
Si alguna vez has
pensado que puedes resignar el placer de lo sentido y de lo vivido,
y el
recuerdo
y el olvido,
y una estrella del cielo
y un cisne en un lago
escondido...
La poesía del viento
y las lagrimas
y la risa
y tu
dolor en el pecho
y hasta tu estomago retorcido,
y la voz de él
diciéndote
y sus manos acariciándote,
y la alegría de su risa,
y los
colores que a través de sus ojos se dejan ver
y unas gotas de lluvia en tu
cara
y la mano de él que seca tus lágrimas,
y un abrazo desde el alma
y
su presencia que sin decir nada te acompaña
y su respiración en tu pecho
y
el sabor de unos labios
y la belleza de morir enredados...
Si alguna
vez has pensado que todo esto lo tienes vedado,
piensa en ti.
No
busques la perfección en lo imperfecto,
ni el olvido en lo
perpetuo...
Busca el amor y deja que
sea...