Quién quiera beber conmigo
Tiene una copa en mi mesa
Compartirá mi alegría
pero también mi tristeza


Y cuando nació mi Alegría,
la llevé en mis brazos y desde la
azotea de mi casa, exclamé:
"¡Venid, vosotros, vecinos míos, venid y
ved!
Porque hoy nació en mi la Alegría.
Venid y contemplad esta alegre
cosa que ríe ante el sol".
Pero ninguno de mis vecinos vino a mirar mi
Alegría.
Y fue grande mi sorpresa
Y todos los días, durante siete lunas,
proclamé mi Alegría
desde lo alto de mi casa y nadie me escuchó.
Y mi
Alegría y yo estuvimos solos sin ser vistos ni visitados.
Luego, mi Alegría
creció palida y hastiada,
porque ningún otro corazón a más del mío
contemplaba su belleza,
y sólo mis labios besaban los suyos.
Después, mi
Alegría murió, de soledad y aislamiento.
Y ahora tan sólo recuerdo mi muerta
Alegría al recordar mi muerta Tristeza.
Pero el recuerdo es una hoja de otoño
que por un istante murmura al viento,
y luego deja de ser
oída.
