No puedo vivir a la deriva;
pero a la vez me cuesta creer firme la tierra
que veo desde fuera.
¿Qué se puede hacer cuando se tiene capacidad
infinita de amor,
y al mismo tiempo miedo de ser herido...
temor de no ser comprendido?
Ensayo pretensiones y anticipo derrotas.
A cada oportunidad le forzo peros:
pero que si es como antes...
pero si no resulta...
pero si todo acaba...
pero si tú me engañas...
Sé que si no pongo peros, de casi nada paso a serlo todo;
y sé también que si todo falla,
regresaré abatido y vulnerado,
a reprocharme la estupidez de mis ficciones.
Me humilla la jornada con regreso.
No sé si es arisca soberbia u orgullo absurdo.
Pongo medida a mi amor,
hasta que no confirmo fervor profundo.
Juego la táctica
del que no quiere arriesgar lo que se acaba.
Llámame cobarde,
no me importa...
¡Nunca volveré a dar todo por nada!