PRISIONERA
Quise
sujetarte aquí en mis manos
y te fuiste escurriendo entre mis
dedos.
Fuiste agua y aire, ¿y cómo puedo
quitarte una virtud que
te engalana?
Querer es dejarte que seas libre
como el viento
que agita los trigales.
Querer es mirarte cómo vuelas
sin paredes
que marquen tus lindares.
Y así prefiero yo ser quien te
deje.
No quiero que te pesen despedidas,
recuerdos que después nos
son penosos
se hacen tiernos si es buena la partida.
Y así te
digo adiós,
¡Sí¡ !Sí qué me duele¡
Pero el mañana
seguro trae consuelo
y tú mira adelante, sin reproches,
que tus
alas te lleven a otro cielo.
Algún día, quizás, tú me
recuerdes
y pensarás en mí ya sin rencores
y me verás entonces
diferente:
el que abrió tu jaula, ¡Es que te quiere...!
El
amar también es sacrificio
y aunque duela así, de esta manera,
es
mejor que vueles, vida mía,
a tenerte aquí conmigo,
¡prisionera!