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Balada del loco amor...
No, nada
llega tarde, porque todas las cosas tienen su tiempo justo, como el
trigo y las rosas; sólo que, a diferencia de la espiga y la
flor, cualquier tiempo es el tiempo de que llegue el amor. No, Amor
no llega tarde. Tu corazón y el mío saben secretamente que no hay amor
tardío. Amor, a cualquier hora, cuando toca a una puerta, la toca
desde adentro, porque ya estaba abierta. Y hay un amor valiente y hay
un amor cobarde, pero, de cualquier modo, ninguno llega
tarde.
Amor, el niño loco de la loca
sonrisa, viene con pasos lentos igual que viene a prisa; pero nadie
está a salvo, nadie, si el niño loco lanza al azar su flecha, por
divertirse un poco. Así ocurre que un niño travieso se divierte, y
un hombre, un hombre triste, queda herido de muerte. Y más, cuando la
flecha se le encona en la herida, porque lleva el veneno de una ilusión
prohibida. Y el hombre arde en su llama de pasión, y arde, y arde Y
ni siquiera entonces el amor llega tarde.
No, yo no diré nunca qué noche
de verano me estremeció la fiebre de tu mano en mi mano. No diré que
esa noche que sólo a ti te digo se me encendió en la sangre lo que soñé
contigo. No, no diré esas cosas, y, todavía menos, la delicia
culpable de contemplar tus senos. Y no diré tampoco lo que vi en tu
mirada, que era como la llave de una puerta cerrada. Nada más. No
era el tiempo de la espiga y la flor, y ni siquiera entonces llegó
tarde el amor.
 
Los
Alebrijes
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