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Mi
fe golpea inútil
en las puertas de tu pecho,
tu
corazón no contesta,
sé que para mí
nunca ha
estado abierto.
Te dejas querer
sin
quererme,
me desespero.
Vuelve tu
noche,
oscura noche,
no brilla todavía la
estrella
que quizá ya no espero.
Tu dulce
indiferencia
me lo apaga todo,
fuego sin
llama
que no comprendo.
Entre los dedos se me
escurre
el sueño de tí
y ya lo
acepto.
Una paz tan dulce,
loca en tí,
la
que me ganarían tus caricias;
¡qué cielo!,
el
cielo tú,
que ahora me dejas tan lejos.
Mis días
infinitos,
tus noches de mis celos,
otra húmeda
mirada
descuidada
en tu recuerdo.
Mi alma
apuntalada hacia tu abismo;
el enigma de
llegarte,
en el que siempre me pierdo.
Si
pudiera tocarte el alma por un instante,
si pudiera
ahora
tocar tu pelo;
podría llorar sin
preocuparme,
podría hacerte volar
sin mover los
pies del suelo.
Si tuviera la oportunidad de
abrazarte,
si me dejaras demostrártelo todo
con
un beso;
sólo un beso.
Poder ser el
refugio
de esos labios
que ya no
espero.
De nuevo el frío.
Es lo de
menos.
El sueño que viajó
con tu
sonrisa
se apaga con la brisa
y no me
rebelo.
Quiero desvivirme de prisa.
Quizá sea
más fácil,
si no te veo.
Por algun
tiempo,
tal vez me miento,
seguiré haciendo
camino
por tu sendero.
La memoria del dolor de
ti
me gritará
tu recuerdo.
Algunos
días,
otras noches,
sin querer pensar en
ti,
te echaré de menos.
Pero pronto,
tal
vez muy pronto,
serás sólo cicatriz aquí
dentro.
Mi corazón no llorará otra lágrima
por
ese amor
que ya no espero.
Porque quizá ya no es
tu amor
lo que quiero.

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