UN DIA EN MI
SOLEDAD...
De repente,
cuando despierto en la
mañana
me acuerdo de mí,
con sigilo abro los ojos
y procedo a
vestirme.
Lo primero es
colocarme mi gesto
de persona decente.
En seguida me pongo las
buenas
costumbres:
el amor filial,
el decoro,
la moral,
la fidelidad
conyugal:
para el final dejo los recuerdos.
Lavo con desenfado
mi
cara de buen ciudadano
vista mi tan deteriorada esperanza,
me
meto en la boca de las palabras
cepillo la bondad
y me la pongo
de sombrero
y en los ojos
esa mirada tan amable.
Entre el
armario selecciono las ideas
que hoy me apetece lucir
y sin
perder más tiempo
me las meto en la cabeza.
Finalmente,
me calzo
los zapatos
y echo a andar, entre paso y paso
tratando
de engañarme una vez más que vendrás,
pero finalmente el día
habrá de transcurrir
únicamente para
mostrarme mi terrible soledad...