YO NO QUIERO MÁS LUZ QUE TU
CUERPO ANTE EL MÍO
Yo no quiero más luz que tu
cuerpo ante el mío:
claridad absoluta, transparencia
redonda.
Limpidez cuya entraña, como el fondo del
río,
con el tiempo se afirma, con la sangre se
ahonda.
¿Qué lucientes materias
duraderas te han hecho,
corazón de alborada, carnación
matutina?
Yo no quiero más día que el que exhala tu
pecho.
Tu sangre es la mañana que jamás se
termina.
No hay más luz que tu
cuerpo, no hay más sol: todo ocaso.
Yo no veo las cosas a
otra luz que tu frente.
La otra luz es fantasma, nada
más, de tu paso.
Tu insondable mirada nunca gira al
poniente.
Claridad sin posible
declinar. Suma esencia
del fulgor que ni cede ni abandona
la cumbre.
Juventud. Limpidez. Claridad.
Transparencia
acercando los astros más lejanos de
lumbre.
Claro cuerpo moreno de
calor fecundante.
Hierba negra el origen; hierba negra
las sienes.
Trago negro los ojos, la mirada
distante.
Día azul. Noche clara. Sombra clara que
vienes.
Yo no quiero más luz que tu
sombra dorada
donde brotan anillos de una hierba
sombría.
En mi sangre, fielmente por tu cuerpo
abrazado,
para siempre es de noche: para siempre es de
día.