Lloviendo...
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No hace falta que llueva como llueve
este día, y, sin embargo, llueve desde el amanecer. Si hay rosas y
retoños, ¿para qué llovería? Si ya todo florece, ¿qué más va a
florecer?
Llueve obstinadamente y en la calle vacía las gotas de
la lluvia son pasos de mujer. Pero cierro los ojos y llueve
todavía, y al abrirlos de nuevo no deja de llover.
Yo sé que no
hace falta que llueva, pero llueve. Y recuerdo una tarde maravillosa y
breve, que fue maravillosa porque llovía así...
Y es tan triste,
tan triste, la lluvia en mi ventana, que casi me pregunto, dulce amiga
lejana, si no estará lloviendo para que piense en ti.
 
Los Alebrijes
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